Oigo tu voz y el viento
que sopla en el recuerdo,
me devuelve las lágrimas
que derramabas en el camino.
No recuerdo de que hablábamos,
supongo nos mentíamos uno al otro
como casi siempre
y tu cansada, llorabas,
cansada de mi y de ti, de los dos,
En medio de la nada de nuestro fracaso
me queda el recuerdo
de tus ojos marrones llenos
de sinceras lágrimas,
que derramabas por ambos.
Karl Wolfovitz
